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A veces no hay título

El mundo está armado con reflejos. Con ellos queremos hacer todo, desde guiños coqueto hasta matar hormigas. Quizá es cierto que no podemos existir todes al mismo tiempo, y que lo que siento ahora es un enramado de reflejos de otras emociones. Mi deseo de escribir es un reflejo de las canciones que me gustan, mi deseo de bailar es una vibración de la tierra donde nací, que de alguna forma llegó a mi columna. Mi deseo de amar es una proyección de que quedó algo de amor sobre mi piel después de mi nacimiento, mi deseo de matar es como el rastro de un sueño donde una desaparición significaba un alivio y no una culpa, mi deseo de crecer está detrás de una puerta.
Me da miedo que nosotros también seamos eso, un reflejo de lo que estamos buscando. Quizá fue una mala suerte ser tan lo mismo, no lo sé.
(¿Quien me va a enseñar a dejar de pensar?)
Escribo sin sentir las cosas que tengo adentro. Hay muchas tardes en mi vida donde me gustaría desaparecer para disfrutar del mundo.

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